Más de 20 años de cultivos transgénicos (desde 1996 hasta 2018). A continuación, se muestra la información más actualizada sobre la adopción de cultivos GM en nuestro país y en el mundo.

Adopción de cultivos transgénicos en Argentina y en el mundo (2017/2018)

Más de 20 años de cultivos transgénicos (1996-2018)

A continuación, se muestra la información más actualizada sobre la adopción de cultivos GM en nuestro país y en el mundo. Para los datos globales, se tomaron los brindados por ISAAA (el Servicio para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas – www.isaaa.org), que todos los años presenta un informe con los datos de adopción de cultivos transgénicos en el mundo. Los datos locales corresponden al Relevamiento de Tecnología Agrícola Aplicada (ReTAA) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Toda esta información también está disponible y se actualiza anualmente en www.argenbio.org.

Situación actual en Argentina

Argentina se encuentra entre los países pioneros en la adopción de cultivos transgénicos. La tasa de adopción de materiales modificados genéticamente es una de las más altas en cuanto a adopción de tecnologías en el sector agropecuario argentino, mayor inclusive a la observada años atrás con la incorporación de los híbridos de maíz. Los niveles de adopción indican un alto grado de satisfacción por parte del agricultor con respecto a los productos de la biotecnología agrícola que ofrece, además de la disminución de los costos, otras ventajas, como mayor flexibilidad en el manejo de los cultivos, disminución en el uso de insecticidas, mayor rendimiento y mejor calidad.

Cruzamiento tradicional vs. biotecnología moderna

El mejoramiento de los cultivos, ya sea por métodos tradicionales de cruzamiento o a través de técnicas de ingeniería genética, implica la transferencia de genes de un organismo a otro. Con el cruzamiento tradicional, los miles de genes pertenecientes a una planta son mezclados de manera azarosa con los miles de genes de su compañera de cruzamiento. Este proceso seguramente transfiere aquella característica deseada, pero también puede transferir rasgos no deseados. Por ejemplo, la planta nueva puede producir frutos más grandes, pero el fruto puede llegar a tener un sabor desagradable que antes no estaba presente. Esto requiere que los agricultores retiren esa característica no deseada a través de cruzamientos, un proceso que puede llevar hasta 15 años y que, en ocasiones, no logra eliminar las cualidades no deseadas. En otras palabras, puede ser imposible transferir con éxito algunas mejoras a través del cruzamiento tradicional.

La ingeniería genética aplicada al mejoramiento vegetal permite que un único rasgo deseado pueda ser transferido de un organismo a otro. Esto se logra al introducir en un organismo uno o unos pocos genes bien caracterizados mediante técnicas precisas. De esta forma, se reduce la probabilidad de que el organismo modificado sea alterado en sus propiedades físicas generales o en su salubridad.

Según el informe de ISAAA, Argentina continúa siendo uno de los principales países productores de cultivos transgénicos, después de EEUU y Brasil, sembrando alrededor de 24 millones de hectáreas, lo que representa el 12-13% del área global cultivada con transgénicos. Internamente podemos decir que estamos en el pico de adopción de la tecnología, porque prácticamente el 100% de la soja y el algodón, y más del 98% del maíz que se cultivan en nuestro país son transgénicos. El gran nivel de adopción de los cultivos transgénicos disponibles es algo que también se repite en los principales países que cultivan OGM:

Evolución de la superficie sembrada en Argentina con soja, maíz y algodón transgénicos, expresada como porcentaje de sus respectivas áreas totales. Fuente: ArgenBio a partir de datos de ReTAA Bolsa de Cereales.

Para poder ser adoptados por los agricultores, los cultivos transgénicos deben tener la aprobación de las autoridades regulatorias correspondientes. La aprobación para la comercialización de un cultivo transgénico en Argentina está a cargo las autoridades de la Secretaría de Alimentos y Bioeconomía (Agroindustria), y se basa en los informes técnicos elaborados por tres Direcciones y sus Comisiones Asesoras. La Dirección de Biotecnología y la CONABIA evalúan los posibles riesgos que puede causar la introducción del cultivo transgénico en los agroecosistemas.

La Dirección de Calidad Agroalimentaria del SENASA y el Comité Técnico Asesor sobre uso de OGM del SENASA evalúan los riesgos potenciales para la salud humana y animal derivados del consumo, como alimento, del cultivo transgénico o sus subproductos. Finalmente, la Dirección de Mercados Agrícolas determina la conveniencia de la comercialización del material genéticamente modificado de manera de evitar potenciales impactos negativos en las exportaciones argentinas. Luego de considerar los tres informes técnicos mencionados, el Secretario de Alimentos y Bioeconomía toma la decisión final y autoriza la siembra, consumo (humano y animal) y comercialización del cultivo GM evaluado.

¿Qué características tienen los cultivos transgénicos adoptados en la Argentina?

De los cultivos transgénicos aprobados en la Argentina (https://www.argentina.gob.ar/ogm-comerciales), los que hoy se comercializan y están ampliamente adoptados en el país son la soja, el maíz y el algodón. Las características presentes en estos cultivos son la tolerancia a herbicidas y la resistencia a insectos (Bt), y se encuentran solas o combinadas. La tendencia, en todos los casos, es a combinar características en el mismo cultivo.

Fuente: ArgenBio, a partir de los datos de ReTAA Bolsa de Cereales 

Soja tolerante al herbicida glifosato

La soja es la oleaginosa de mayor importancia económica en el mundo y fue el primer cultivo en el mercado argentino en incorporar una característica a través de transgénesis en 1996. La soja transgénica tolerante a glifosato ha sido mejorada por ingeniería genética para sobrevivir a las aplicaciones de herbicidas a base de glifosato. El glifosato es un principio activo herbicida que controla un amplio espectro de malezas. El glifosato provoca la muerte de las plantas sensibles a él ya que inhibe la acción de la enzima 5-enolpiruvilsikimato-3-fosfato sintasa (EPSPS) implicada en la síntesis de aminoácidos aromáticos (fenilalanina, tirosina y triptófano), esenciales para la síntesis proteica en las plantas.

La soja transgénica tolerante a glifosato se obtuvo al insertarle a la planta un gen extraído de la bacteria Agrobacterium tumefaciens. Este gen codifica para la síntesis de una forma de la enzima EPSPS que no es afectada por el glifosato. Al no poder unirse el herbicida a la enzima EPSPS producida por el gen bacteriano, la enzima sigue funcionando normalmente y la planta de soja sobrevive a la aplicación de glifosato. Esta característica permite aplicar glifosato sobre el cultivo de soja tolerante a glifosato para controlar las malezas sin afectar al cultivo.

La soja transgénica tolerante a glifosato se complementa muy bien con prácticas de labranza conservacionistas, como la siembra directa, contribuyendo a la conservación del suelo, simplificación de manejo y reducción de costos de producción.

Soja resistente a insectos y tolerante a herbicidas

En el año 2012 se aprobó en nuestro país la soja con las características de resistencia a insectos (Bt) y tolerancia a glifosato combinadas, y se empezó a cultivar en la campaña 2013/14.

La resistencia a insectos se obtuvo por ingeniería genética para brindar protección frente a ciertas plagas de lepidópteros a través de la expresión, en sus tejidos, de proteínas insecticidas. La denominación Bt deriva del organismo donante de la característica que es Bacillus thuringiensis, una bacteria que normalmente habita el suelo y cuyas esporas contienen proteínas específicas, denominadas Cry, que son tóxicas para ciertos insectos. La inserción del gen que codifica para la proteína Cry1Ac le otorga al cultivo de soja protección principalmente contra: oruga de las leguminosas (Anticarsia gemmatalis), falsa medidora (Chrysodeixis includens), oruga medidora (Rachiplusia nu), oruga bolillera (Helicoverpa gelotopoeon) y barrenador del brote (Crocidosema aporema). Las proteínas Cry son inocuas para mamíferos, pájaros e insectos no-blanco.

Maíz tolerante a herbicidas

El maíz es uno de los tres cultivos más importantes del mundo. El maíz transgénico tolerante a glifosato se obtuvo por introducción del gen de la enzima EPSPS de maíz, pero con modificaciones en su secuencia para que la enzima resulte resistente al herbicida, o bien por introducción de un gen extraído de la bacteria Agrobacterium tumefaciens que codifica para una forma de la enzima EPSPS insensible al glifosato. Como en el caso de la soja, esta característica permite flexibilizar el manejo de malezas que afectan al cultivo de maíz.

También hay en el mercado maíz transgénico tolerante al herbicida glufosinato de amonio. Este maíz tiene agregado un gen proveniente de la bacteria Streptomyces viridochromogenes que codifica para la enzima PAT que inactiva al glufosinato de amonio. En muchos casos, la tolerancia a glufosinato de amonio está combinada con la tolerancia a glifosato en la misma planta.

Los beneficios que presenta el maíz tolerante a herbicidas se centran en la posibilidad que tiene el agricultor de elegir entre más opciones de herbicidas el que mejor se ajuste a las malezas presentes sin dañar a su cultivo.

Maíz resistente a insectos (maíz Bt)

La biotecnología ofrece en la actualidad una solución efectiva contra ciertos lepidópteros, como el barrenador del tallo (Diatraea saccharalis), el gusano cogollero (Spodoptera frugiperda) y la oruga o isoca de la espiga (Helicoverpa zea) que constituyen las principales plagas del maíz en nuestro país. Hay también insectos coleópteros, como la vaquita de San Antonio (Diabrotica speciosa), cuyas larvas subterráneas dañan a las raíces del maíz.

Mediante técnicas de ingeniería genética se ha logrado que las plantas de maíz produzcan proteínas insecticidas que eliminan a las larvas de ciertos insectos que se alimentan de sus hojas, tallos o raíces. A este maíz transgénico se lo denomina maíz Bt ya que los genes que codifican para las proteínas insecticidas, y que se introducen en la planta mediante ingeniería genética, provienen de Bacillus thuringiensis.

Bacillus thuringiensis es una bacteria que habita normalmente el suelo y contiene unas proteínas tóxicas para ciertos insectos. Estas proteínas, denominadas Cry, se activan en el sistema digestivo de la larva y se adhieren a su epitelio intestinal. Esto provoca la parálisis del sistema digestivo del insecto, que deja de alimentarse y muere a los pocos días.

Más recientemente también se han incorporado al maíz genes para otras proteínas insecticidas, las denominadas Vip. En lugar de producirse en las esporas de Bacillus thuringiensis, las proteínas Vip forman parte de las estructuras cristalinas que aparecen durante la fase vegetativa de la bacteria. Al igual que las proteínas Cry, se unen específicamente a receptores del sistema digestivo de los insectos plaga que controlan.

En resumen, el maíz Bt es un maíz transgénico que produce en sus tejidos proteínas Cry y/o Vip. Así, cuando las larvas intentan alimentarse de la hoja o del tallo del maíz Bt, mueren. Las proteínas Cry y Vip son inocuas para mamíferos, pájaros e insectos no-blanco.

Por el momento, para control de lepidópteros, hay cinco proteínas Bt disponibles comercialmente en maíz (Cry1Ab, Cry1F, Cry1A.105, Cry2Ab y Vip3A) y dos proteínas para el control de coleópteros en maíz (Cry3A y Cry3Bb). Los primeros maíces Bt expresaban solo una proteína, pero la tendencia hoy en día es apilarlas para ampliar el espectro de control y contribuir a retrasar la selección de resistencia en insectos.

Los beneficios que presenta el maíz Bt se centran en la posibilidad que tiene el agricultor de cultivarlo reduciendo las aplicaciones de insecticidas, lo que constituye, además, un beneficio directo para el medio ambiente.

Maíz resistente a insectos y tolerante a herbicidas

El primer maíz transgénico resistente a insectos y tolerante a herbicidas fue aprobado, en Argentina, en 2005 y a partir de ahí hubo varios materiales aprobados que presentan diferentes combinaciones de características.

La posibilidad de tener en una misma planta más de un rasgo ventajoso es un objetivo siempre buscado por los mejoradores, en este caso, se trata de la combinación de dos rasgos -de resistencia a insectos y de tolerancia a herbicidas – en maíz, lo que genéricamente se denomina una combinación, acumulación o apilamiento de rasgos (también llamado stack en inglés). En general, los rasgos se “apilan” por cruzamiento, donde se cruzan plantas que contienen uno o más rasgos cada una.

Así, esta combinación de rasgos de resistencia a insectos y tolerancia a herbicidas (glifosato y/o glufosinato de amonio) le otorga a las plantas de maíz una protección contra las tres principales plagas del maíz en nuestro país y permite el uso de herbicidas de amplio espectro para el control de malezas.

Algodón Bt y tolerante a herbicidas

De la misma manera que la soja y el maíz Bt, el algodón Bt resulta de la incorporación de genes Cry, originarios de la bacteria Bacillus thuringiensis, al genoma del algodón. Así, el algodón Bt que se cultiva en la Argentina es resistente a insectos (lepidópteros) y, en particular, a la oruga del capullo (Helicoverpa gelotopoeon), la oruga de la hoja del algodonero (Alabama argillacea) y la lagarta rosada (Pectinophora gossypiella).

La primera variedad de algodón Bt en el país se comercializó en 1998 y, desde aquel momento, los principales beneficios de su adopción fueron el aumento en los rendimientos debido al control de insectos, la reducción de los costos y la disminución del impacto ambiental y para la salud debido al menor número de aplicaciones de insecticidas.

El algodón tolerante a herbicidas (glifosato y glifosato/glufosinato de amonio) fue obtenido de la misma manera que el maíz y la soja, mencionados anteriormente.

El algodón que combina las características de resistencia a insectos y tolerancia a glifosato es una combinación de rasgos por cruzamiento.

Impacto de la adopción de cultivos transgénicos en la Argentina

Como mencionamos anteriormente, el primer cultivo transgénico sembrado en Argentina fue la soja tolerante al glifosato en 1996, y el impacto de estos más de 20 años de rápida y amplia adopción de cultivos transgénicos fue positivo.

Gracias a los cultivos transgénicos se disminuyó el uso de insecticidas, se remplazaron herbicidas por otros de menor toxicidad y su uso, bajo prácticas conservacionistas como la siembra directa, resultó en una menor erosión del suelo, menos emisiones de gases invernadero y una reducción en el uso de combustibles. Además, el aumento de la productividad de los cultivos (podemos sembrar más en menos tierra), permitió preservar hábitats naturales y usar el agua y el suelo más eficientemente. Los agricultores, por su parte, se beneficiaron a través de la simplificación en el manejo, el aumento en los rendimientos y la disminución de los costos de producción.

Más allá del productor, la adopción de estos cultivos impacta positivamente en la economía del país como un todo, por las consecuencias sociales y económicas de la actividad y los incrementos en las exportaciones. Hoy en Argentina prácticamente todos los productores de soja, maíz y algodón usan variedades transgénicas, esto quiere decir que tanto los grandes, como los medianos y pequeños productores, pueden percibir los beneficios que brindan las tecnologías.

Por otra parte, también nos beneficiamos los consumidores, porque las tecnologías de resistencia a insectos en maíz mejoran la calidad del grano y reducen los niveles de micotoxinas que podrían ser peligrosas para nuestra salud y la de los animales. Para más información sobre los más de 20 años de los cultivos transgénicos en argentina, ingresá a http://www.transgenicos20.argenbio.org/

Situación actual en el mundo

Según el informe del ISAAA, 17 millones de agricultores de 24 países sembraron cultivos transgénicos en 189,8 millones de hectáreas en 2017. Esta superficie representa un aumento neto de 2,5% respecto de las 185,1 millones de hectáreas sembradas con cultivos transgénicos a nivel global en 2016.

Consistentemente, desde el 2016, alrededor del 50% de las hectáreas sembradas con cultivos transgénicos en el mundo correspondieron a soja, el 31-33% a maíz, el 12-13% a algodón y el 5% a canola. El 1% restante de la superficie sembrada con cultivos transgénicos en el mundo correspondió a variedades transgénicas de papaya, zapallo, alfalfa, remolacha azucarera, berenjena, álamo, papa, clavel, rosa, piña y manzana.

Con respecto a las características, tanto en 2016 como en 2017, el 47% de la superficie total de cultivos transgénicos se sembró con cultivos tolerantes a herbicida (soja, maíz, canola, algodón, remolacha azucarera y alfalfa), el 12% con cultivos resistentes a insectos-Bt (maíz, algodón, álamo y berenjena) y el 41% con cultivos que contenían ambas características apiladas (maíz, algodón y soja). Es notable el aumento en la proporción del uso de cultivos que combinan la tolerancia a herbicidas y la resistencia a insectos con respecto a la adopción de cultivos con una sola característica cuando se compara estos años con 2015. También se sembraron, aunque en superficies mucho menores, cultivos resistentes a virus (papaya, zapallo), cultivos con tolerancia a sequía (maíz), color azul (clavel, rosa), menos pardeamiento (papa y manzana), color rosa (ananá/piña).

Los países que en 2017 sembraron cultivos transgénicos fueron 24 y, al menos 43 países, por más que no sembraron transgénicos, importaron y consumieron cultivos transgénicos y sus derivados.

 

Entre los principales países productores de cultivos transgénicos en 2017 hubo tanto países industrializados como países en desarrollo (ver tabla). Los 11 países que sembraron más de 1 millón de hectáreas cultivaron, entre todos, más del 98% de la superficie mundial de transgénicos. Los otros 13 países sembraron menos de 1 millón de hectáreas cada uno y fueron: Australia, Filipinas, Myanmar, México, España, Colombia, Sudan, Honduras, Chile, Portugal, Vietnam, Costa Rica y Bangladesh.

Para ver las actividades de este cuaderno, descargá el PDF al pie

 

Bibliografía

  • Lema, D.; Penna, J. A. “Adopción de las sojas resistentes a herbicidas en Argentina: un análisis económico” (2001) INTA, Instituto de Economía y Sociología). Qaim, M y Cap, E. (2002) “Algodón Bt en Argentina: un análisis de su adopción y la disposición a pagar de los productores” INTA, Instituto de Economía y Sociología.
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