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Cuaderno Nº 14  

Alimentos transgénicos, ¿deberían etiquetarse?
 

Muchos consumidores suelen leer las etiquetas de los envases de alimentos. Algunas personas lo hacen por cuestiones de salud, evalúan la presencia de grasas, de sal, la cantidad de calorías, etc., mientras que otros consideran a la etiqueta simplemente por la marca del producto. En muchos casos, la información que aporta el envase en cuanto a la composición no resulta del todo clara para el consumidor. Pero, la publicidad que difunden los medios de comunicación influye en gran medida en la percepción de los consumidores y en su elección del alimento que compran.
También el etiquetado de alimentos provenientes de organismos genéticamente modificados (OGM) ha adquirido importancia en los últimos años. Se ha planteado una controversia entre quienes apoyan y quienes se oponen a un etiquetado que detalle la presencia de componentes provenientes de OGM’s en los alimentos. En cualquier caso el etiquetado de alimentos necesita de un público previamente informado sobre las condiciones nutricionales tanto de los alimentos obtenidos a través de organismos genéticamente modificados, como de los restantes productos destinados al consumo.

¿Qué es un rótulo y qué información brinda?

Según el Código Alimentario Argentino (CAA), un rótulo alimenticio es toda inscripción, leyenda, imagen o materia descriptiva o gráfica que se haya escrito, impreso, estarcido, marcado, marcado en relieve o huecograbado o adherido al envase del alimento, destinada a informar al consumidor sobre las características de un alimento.
El rotulado tiene por objeto suministrar información sobre las características particulares de los alimentos, su forma de preparación, manipulación y conservación, sus propiedades nutricionales y su contenido.
Por medio de la reglamentación de los rótulos de los alimentos, se procura asegurar que brinden información relevante, y evitar que se describa al alimento de manera errónea, o se presente información que resulte falsa, equívoca, engañosa o carente de significado en algún aspecto. Por lo tanto, la información provista en los rótulos debe ser simple y de fácil comprensión. De este modo, los consumidores conocerán las propiedades de los alimentos, y con ello tomarán decisiones más acertadas acerca de su adquisición.
El rótulo de alimentos envasados deberá presentar obligatoriamente la siguiente información:

Denominación de venta del alimento, que debe coincidir con la existente en el código alimentario argentino (CAA).
Lista de ingredientes ubicados según la cantidad, en orden decreciente (por ejemplo, en un helado de frutilla: leche entera, azúcar, frutillas, crema, colorante (nombre o código que figura en el CAA llamado INS), estabilizantes y emulsionantes.
Contenido neto, que debe estar expresado en las unidades del SIMELA (sistema métrico legal argentino). En productos que contienen líquido de cobertura (por ejemplo, una lata de arvejas), se debe especificar el peso escurrido.
Identificación del origen, que incluye: Número de registro del establecimiento donde se fabricó (Registro Nacional de Establecimiento - RNE); Localización del establecimiento; Registro del producto. En caso de ser nacional, el RNPA (Registro Nacional de Producto Alimenticio) y de ser provincial, el RPPA (Registro Provincial de Producto Alimenticio).
Identificación del lote. El lote es el conjunto de artículos de un mismo tipo, procesado por un mismo fabricante, en un espacio de tiempo determinado bajo condiciones esencialmente iguales. El número de lote es determinado en cada caso por el fabricante, productor o fraccionador del alimento, según sus criterios.
Fecha de duración, indicando la fecha de vencimiento, una referencia concreta al lugar donde aparece la fecha, o una impresión en la que se indique mediante perforaciones o marcas indelebles el día y el mes o el mes y el año.
Preparación e instrucciones de uso del alimento, cuando corresponda.
Rotulado Nutricional (a partir del 1 agosto de 2006, por las resoluciones GMC 46/03¹ y la 47/03²).

¿Qué es el Rotulado Nutricional?

El 1º de agosto de 2006 entran en vigencia las resoluciones que hacen de carácter obligatorio el rotulado nutricional, es decir que todos los alimentos deben contener en sus rótulos información sobre sus propiedades nutricionales, la cual comprende la declaración de nutrientes (enumeración  del contenido de nutrientes de un alimento y su valor energético) y la declaración de propiedades nutricionales o información nutricional complementaria que implique que un producto posee propiedades nutricionales particulares.
Los nutrientes son aquellas sustancias químicas consumidas normalmente como componente de un alimento que:
a) proporcionan energía; y/o
b) son necesarios, o contribuyen al crecimiento, desarrollo y mantenimiento de la salud y de la vida; y/o
c) cuya carencia hará que se produzcan cambios químicos o fisiológicos característicos.

Dentro de éstos se pueden nombrar a los hidratos de carbono o glúcidos, azúcares, fibra alimentaria, grasas o lípidos (grasas saturadas, monoinsaturadas, poliinsaturadas, trans, colesterol, proteínas y sodio. Todos éstos deben estar expresados en gramos (gr.), excepto para el caso del sodio, el cual debe expresarse su cantidad en miligramos (mg.). Además, en los rótulos se pueden declarar optativamente las  vitaminas y minerales.
El siguiente esquema muestra cómo se deben presentar la información nutricional en los alimentos:

Fuente: http://www.alimentosargentinos.gov.ar/programa_calidad/
Marco_Regulatorio
/Guia_rotulados/guia_rotulados_marcos_todo.htm


Rótulo Nutricional con información de la cantidad (expresada en gr. o ml.) de distintos nutrientes. Adicionalmente la información nutricional puede ser expresada por 100g o 100 ml. En la segunda columna se indica el Porcentaje del valor diario recomendado (%VD), que se calcula en base a una dieta de 2000 Kcal. diarias. Queda excluida la declaración de grasas trans en porcentaje de Valor Diario (%VD). Se debe agregar como parte de la información nutricional la siguiente expresión: …“Sus valores diarios pueden ser mayores o menores dependiendo de sus necesidades energéticas”… Una porción es la cantidad media del alimento que debería ser consumida por personas sanas, mayores de 36 meses de edad, en cada ocasión de consumo, con la finalidad de promover una alimentación saludable. Medida casera es un utensilio de cocina comúnmente utilizado por el consumidor para medir alimentos (taza, cuchara, vaso, etc.).

La regulación y control de los OGM en la Argentina


La normativa argentina, está basada en las características y riesgos identificados del producto y no en el proceso mediante el cual dicho producto fue originado (ver Cuaderno Nº 10, 19 y 62).
Estas normas definen las condiciones que deben reunirse para permitir la liberación al medio del material transgénico, las cuales son tenidas en cuenta por la CONABIA (Comisión Nacional de Biotecnología Agropecuaria) al evaluar cada solicitud presentada. La evaluación de las solicitudes y el posterior monitoreo de las pruebas son responsabilidad de la SAGPyA (Secretaría de Agricultura, Ganadería, pesca y Alimentos) .
El monitoreo posterior de los ensayos, a cargo del INASE (Instituto Nacional de Semillas) tiene por objeto evaluar en el sitio el real cumplimiento de lo presentado en las solicitudes y también estar preparado para aplicar medidas que eviten efectos adversos sobre el ambiente.
Una vez concedida una autorización para liberación al medio, para obtener el permiso de comercialización correspondiente, los materiales deben cumplir con los requisitos que son competencia de SENASA, en cuanto a su evaluación para uso alimentario, humano, animal, y ser aprobado por la Dirección Nacional de Mercados Agroalimentarios (DNMA) dependiente del SENASA, respecto de la conveniencia de la comercialización del producto (Ver Cuaderno N°19)

La equivalencia sustancial

Mediante los estudios realizados por los organismos reguladores, se analiza si el producto transgénico es sustancialmente equivalente a su contraparte convencional. Si un producto derivado de un cultivo producido mediante el uso de biotecnología es sustancialmente equivalente al mismo producto derivado de un cultivo mejorado por otro método, no existirán diferencias entre ambos.
El concepto de equivalencia sustancial fue desarrollado antes de que cualquiera de los alimentos modificados genéticamente fuera lanzado al mercado. Fue primeramente descrito en 1993 en un documento titulado “Evaluación sobre la seguridad de los alimentos derivados de la biotecnología moderna: Conceptos y Principios”, elaborado por 60 expertos de 19 países pertenecientes a la OECD (Organization for Economic Cooperation and Development) que discutieron por más de dos años cómo evaluar los organismos genéticamente mejorados.
La mayoría de estos expertos, todos nominados por sus gobiernos, fueron científicos reguladores de agencias de gobierno y ministerios responsables de la seguridad de los consumidores.
La evaluación de equivalencia sustancial debe demostrar que las variedades genéticamente mejoradas son tan seguras como sus contrapartes tradicionales, a través de una consideración de los efectos deseados e indeseados de ambas especies.

Esto incluye una amplia gama de información, incluyendo propiedades agronómicas, cambios de fenotipos e información de la composición de nutrientes y potenciales tóxicos.
Cuando una variedad es sustancialmente equivalente a otra existente en el mercado, no deberían plantearse cuestionamientos y el etiquetado no sería necesario. Si un producto transgénico no es sustancialmente equivalente a uno existente, debería ser apropiadamente etiquetado indicando la propiedad o característica en la cual difiere. Esto incluirá composición, valor nutritivo, etc.

El rotulado de alimentos modificados genéticamente

El objetivo del rótulo de un alimento es brindarle al consumidor información y asesoramiento suficiente para que pueda seleccionar los productos de acuerdo a sus necesidades, almacenarlos de forma correcta y consumirlos de forma segura.
Como se mencionó anteriormente, el Código Alimentario Argentino establece las normativas de etiquetado que rigen en todo el país. Esta información obligatoria no incluye los procesos de producción, que son evaluados y aprobados por las autoridades gubernamentales competentes. Así, en el envase de un yogur no se informa qué cepas de bacterias lácticas fermentadoras se usaron, pero sí se sabe que su uso fue autorizado por el INAL-ANMAT (Instituto Nacional de Alimentos dependiente de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos, y Tecnología Médica). Tampoco se conoce de qué vacas se obtuvo la leche para el yogur, aunque esta materia prima debió haber sido previamente aprobada por el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria). 
En la controversia en torno del rotulado de alimentos transgénicos, el argumento más fuerte por parte de los consumidores se apoya en el derecho que los asiste de conocer las características del producto y realizar una elección informada y conciente. Otros consideran importante conocer la forma en que fue producido, por ejemplo, si se empleó la ingeniería genética en su elaboración.
En caso de considerar el rotulado de los alimentos transgénicos y de las técnicas de ingeniería genética empleadas en su obtención, se debería implementar la misma medida para otros alimentos. Por ejemplo, algunos alimentos “convencionales” envasados y frescos provienen de cultivos obtenidos hace décadas por mutagénesis, una técnica de modificación genética tradicional (Ver cuaderno N° 5). Es decir que se debería etiquetar a los pomelos rosados como “obtenidos por mutación con rayos X”. Posiblemente, provocaría incertidumbre en los consumidores y no agregaría datos útiles acerca de su composición, ni de la seguridad de su consumo. Del mismo modo, habría que analizar si resultaría útil para el consumidor conocer que algunos endulzantes y enzimas empleados en productos comestibles y bebibles se obtienen mediante técnicas de ingeniería genética (ver Cuaderno Nº 75, 52, 54).  



Por otra parte, hay quienes consideran que no es necesario el etiquetado si los alimentos son básicamente equivalentes en su composición a los alimentos “convencionales”. Muchos científicos consideran que las nuevas técnicas de ingeniería genética son variantes a nivel molecular de métodos tradicionales de mejoramiento, que persiguen los mismos fines, y sustentan sus argumentos en numerosos estudios científicos que demuestran que los alimentos derivados de OGM no difieren de sus pares no-transgénicos. Por eso consideran que el etiquetado sería innecesario e, incluso, podría resultar discriminatorio y tendencioso hacia los consumidores que no cuentan con suficiente información. Para ejercer una decisión responsable, los consumidores deben recibir información sobre la composición de los alimentos y sobre su valor nutricional. Y, de hecho, no hay ningún cambio en la composición o valor nutricional en los derivados de cultivos transgénicos comparados con sus pares convencionales. 
En esta controversia, el sector productor argumenta, entre otras cosas, que el etiquetado de los productos derivados de cultivos transgénicos implicaría un aumento de costos sustancial para la industria agro-alimentaria. Por ejemplo, un estudio realizado en Australia estima que la implementación de un sistema de etiquetado le costaría a la industria unos 2.000 millones de dólares sólo en el primer año, y que el consumidor terminaría pagando un 10-15% más por los alimentos etiquetados. Por su parte, un estudio presentado en la Universidad de Ontario, Canadá, estima un aumento de costos de al menos 10% en los precios minoristas. Las principales causas de este aumento son esencialmente dos:
1)La necesidad de mantener separados los productos derivados de cultivos transgénicos de los derivados de no transgénicos. Esta separación implica cambios en la infraestructura, logística y tiempos de producción, y afectan a productores agropecuarios, fabricantes de alimentos, distribuidores y transportistas.
2)Todos los actores de la cadena agroalimentaria deberán tener la capacidad de demostrar en todos sus productos la presencia o ausencia de algún componente derivado de transgénicos, para cumplir con las nuevas normativas de etiquetado. Esto implica la incorporación de tests de detección, capacitación de personal y sistemas de vigilancia y fiscalización.
Por otra parte, si el mercado internacional, principal comprador de estos productos, exige el rotulado, el país vendedor deber evaluar la conveniencia de acceder a estos requerimientos en función del beneficio económico y social que le reporta.
En conclusión: la controversia alrededor del etiquetado de los productos provenientes de OGM aún no está resuelta, y son muchas y diversas las partes involucradas.

 
 

Ver cuaderno anterior

 
 
 

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